Cuando El Deseo Se Vende, El Amor Se Debilita.

Cuando El Deseo Se Vende, El Amor Se Debilita.

Placer sin compromiso, familias sin futuro : lo que nadie quiere decir en voz alta...

Ronald Camilo Menjivar
Ronald Camilo Menjivar
hace 1 mes
"No todo lo que se normaliza es sano. No todo lo que genera dinero construye futuro y no todo lo que produce placer inmediato fortalece a la persona ni a la sociedad."

La pornografía y la prostitución —hoy muchas veces disfrazadas de “contenido exclusivo”, “libertad digital” o “empoderamiento” en redes sociales para adultos— han transformado el cuerpo humano en mercancía. Un producto con precio variable según la forma del cuerpo, la juventud del rostro o la capacidad de provocar deseo. Desde la psicología de familia y la psiquiatría social, este fenómeno no es neutro. Tiene consecuencias profundas en la manera en que hombres y mujeres se perciben, se vinculan y construyen relaciones estables.

El mensaje silencioso que se instala.

Cuando el cuerpo se convierte en producto, el mensaje es claro: “Vales por lo que provocas, no por lo que eres.” Este mensaje no se queda en la pantalla. Se filtra en la vida real, en las expectativas de pareja, en la intimidad y en la forma de amar. El deseo deja de ser parte de un vínculo para convertirse en consumo rápido, sin responsabilidad emocional. Aquí aparece una contradicción que daña profundamente a ambos sexos:

  • La mujer sueña con un hombre bueno, firme y comprometido.
  • El hombre desea una mujer buena, estable y confiable.

Pero al mismo tiempo, ambos quedan expuestos a un entorno que estimula la infidelidad, la comparación constante y la deshumanización del otro.

Infidelidad: Cuando el Placer Rompe la Confianza.

La infidelidad no comienza en el acto físico. Comienza en la ruptura del límite interno. En la exposición constante a estímulos que erosionan la satisfacción con lo real y hacen que lo cotidiano parezca insuficiente.

La traición empieza antes del acto.

La traición empieza antes del acto.

Desde el análisis de pareja se observa un patrón repetido:

  • Disminución de la empatía.
  • Aumento de la insatisfacción.
  • Pérdida de intimidad auténtica.
  • Una normalización del engaño emocional o sexual.

El resultado no es libertad; es vacío emocional, culpa silenciosa y deterioro de la confianza. Lo que excita sin compromiso suele destruir lo que exige lealtad.

El impacto social: cuando la pareja se rompe, la sociedad se resiente.

Las relaciones estables no son solo un asunto privado. Son la célula básica de la sociedad. Cuando los matrimonios y las parejas fracasan de forma masiva, no se pierde solo una relación: se debilitan los valores que sostienen la convivencia, la educación emocional de los hijos y los sueños sembrados desde la niñez. Los niños crecen observando:

  • Vínculos frágiles.
  • Compromisos descartables.
  • Afectos inestables.

Y lo que se observa, se aprende. Una sociedad sin familias sólidas es una sociedad emocionalmente huérfana.

Poner límites no es represión, es protección.

Hablar de límites hoy incomoda. Se confunde con control o falta de libertad. Sin embargo, desde la psicología madura, el límite es una forma de cuidado, no de opresión. Cada pareja que desea estabilidad necesita establecer márgenes claros:

  • Qué se permite.
  • Qué no se cruza.
  • Qué se cuida por amor al otro y a la relación.

No porque falte deseo en el mundo —de eso sobra—, sino porque lo valioso necesita protección. Carne para disfrutar sobra; compromiso verdadero escasea.

El Amor que Perdura: No se Improvisa.

El amor que perdura se cuida.

El amor que perdura se cuida.

Un matrimonio o una relación construida sobre valores y principios no sobrevive por casualidad. Sobrevive porque:

  • Hay autocontrol.
  • Hay respeto.
  • Hay renuncia consciente.
  • Hay visión de futuro.

El amor duradero no es el que nunca siente tentación, sino el que elige no traicionarse ni traicionar al otro. El placer es fácil. La lealtad es una decisión diaria. Llamar a las cosas por su nombre no es intolerancia; es responsabilidad. Lo que fortalece a la persona, fortalece a la familia. Lo que debilita a la familia, termina deteriorando a la sociedad. Si queremos relaciones sanas, matrimonios estables y generaciones emocionalmente seguras, necesitamos recuperar una verdad sencilla y firme: No todo lo que se desea conviene. No todo lo que se vende edifica. Y no todo lo que es popular es correcto. Elegir bien hoy puede salvar lo que sueñas mañana.

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